Sides B
in production
Sides B es el laboratorio con dientes de este retrato. Ahí meto lo que llega chueco a la secuencia principal. A veces trae mugre bajo las uñas o se ríe donde no toca; otras veces se ablanda sin pedir permiso. Hay ideas que se vuelven inestables en cuanto las toco. Algunas cargan algo peligroso y no conviene tratarlas como entretenimiento ligero. Aquí no guardo sobrantes, retazos, bloopers ni canciones fallidas del álbum. Cada canción entró por una razón, aunque siga en borrador o acabe tomando otra salida. Yo diseño la prueba. The No Names entra como rata de laboratorio porque aquí mando yo. Why not. Entre amplificadores, voz, ediciones, ruido y la IA generativa, cambio el pulso hasta que el bajo se adelanta o una frase se parte por la mitad. También junto géneros que normalmente ni se prestarían un encendedor. Una canción puede quedarse como receta pendiente. De otra saco una versión alterna o una copia para otro disco, sin borrar de dónde salió. El humor aquí trae las rodillas raspadas; si se pone tierno, todavía huele a cable caliente. A veces una felicitación entra por una puerta falsa. Luego cruzo el bolero en 6/8 con guitarras que vienen a romperle la serenata, o dejo que un compás se desgaste hasta que la banda pierda palabras y coordinación. La política tampoco entra limpia: la siento en los dientes cuando la consigna se vuelve mercancía, cuando la pantalla arma un juicio o cuando descubro que yo también me embarré las manos. Alguna canción puede pasarse de filo, dar risa donde no debe o quedarse sin final. Si revienta, quiero estar cerca para escuchar qué parte salió volando. Le abro la jaula a The No Names y me quito del camino. Que muerda; después vemos qué sigue respirando.
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