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El Hermoso Caos que habita en mi cabeza

Arte original sin tipografía de El Hermoso Caos que Habita en mi Cabeza: Chrnx y tres ecos musicales deformados en un estudio grunge.

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Este disco es la puerta de entrada a lo que traigo atorado entre la nuca y los dientes. Estoy haciendo esta música para levantar la tapa, no para acomodarme la cabeza en cajitas o explicar el autismo con voz de folleto. Quiero dejar que se oiga el mecanismo completo: lo que zumba, lo que raspa, lo que de pronto encuentra una luz bien maciza entre tanto ruido. Mi cabeza guarda todo en el mismo cajón y luego pierde la llave. Excelente servicio, la verdad. En ese desorden vive la gente que amo. Nuestra familia se fue armando con historias que ya estaban en marcha, y ser padre me puso el pasado enfrente con una claridad medio cabrona. Uno cuida, mete la pata y al día siguiente vuelve a intentarlo. El amor se parece más a eso que a una foto bien peinada. Sinaloa se me sale en la forma de hablar. También está en el orgullo que me infla el pecho y en esa costumbre de sostener la mirada cuando alguien se siente muy acá. La memoria entra cuando se le pega la gana y suele traer tierra en los dientes. El resentimiento no necesita invitación; se sienta y ocupa lugar. Con la ternura pasa algo más raro: aparece cuando ya daba el día por perdido. Y cuando miro el abuso de los que mandan, se me acaba la paciencia. Esa rabia política necesita confrontación, no modales de sobremesa. La música la lleva contra la pared hasta abrir una rendija por donde respirar. El cuarto queda hecho un cochinero, como casi todo lo útil. En el estudio parto de guitarras distorsionadas con la mugre del amplificador todavía pegada. El bajo va adelante, pegando en el estómago. A la batería le dejo aire alrededor de los tambores; los golpes caen con manos, no con regla. Estudio crudo, cero live. Dejo que el verso apriete primero y que la banda caiga completa cuando ya no cabe más presión. La voz empieza contenida, casi hablada, y termina raspándose contra la guitarra cuando seguir aguantando sería hacerse güey. Si una respiración se cuela o un golpe cae apenas chueco y funciona, se queda. El brillo de aparador puede esperar sentado. The No Names no me ordena el caos: me acerca el amplificador y le sube hasta que la cabeza deja de fingir silencio.

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